Versión Yihadista de la Guerra de Guerrillas


Leí hace poco, un antiguo artículo, de Arturo Pérez Reverte en su Patente de Corso, fechado el 31 de agosto de 2014 y que se titulaba Es la guerra santa, idiotas y que venía a decir, que los integristas islámicos están en guerra constante y que los occidentales o no nos damos, o no queremos darnos cuenta y que la cosa no se arregla negociando, porque para que haya una negociación, debe de haber dos partes, en este caso, la otra parte, la integrista, la intolerante, la radical no quiere sentarse a negociar, prefiere enseñarnos sus cojones, sus cuchillos, sus mártires y les importa una mierda que se hable mal de ellos, es más, prefieren que se hable mal de ellos, por lo que en esta ocasión como siempre ha pasado deberíamos de estar preparados para combatir el fuego con fuego.


Esto es un resumen escueto de lo que viene a decir el artículo del que dejo el enlace junto a otros, por si queréis leerlos.

En mí siempre cuestionable opinión, lo que estos fanáticos, están practicando es una versión mejorada de la guerra de guerrillas, como la que hizo que los franceses se fueran de España en 1814, o los norteamericanos de Vietnam en 1975. La diferencia es que tanto franceses como norteamericanos, luchaban en territorio desconocido, donde el enemigo podía salir al paso de manera sorpresiva, apuñalarles por la espalda, emboscarlos, envenenar el agua o degollarlos mientras dormían. Lo que convertía a cualquiera en un potencial enemigo y creaba en las tropas invasoras un estado de alerta y terror, que hacía muy complicado mantener cualquier estrategia militar.


Por lo general en la guerra de guerrillas no gana nadie, sino que los invasores acaban marchándose por desgaste.

La versión yihadista le ha dado unas cuantas de vueltas y su realización es más letal, tanto para atacantes, como para atacados, está muy organizada, y a diferencia de lo que he mencionado; estos guerrilleros urbanos, sí, conocen el terreno y están “integrados”. No luchan por el país en el que viven, sino por una ideología que les han marcado a fuego en el pensamiento, de que todos, menos ellos son enemigos: un grupo de turistas, un niño paseando con su abuelo, alguien que va a comprar el pan o un grupo estudiantes.., son las víctimas perfectas, creando un estado de alerta y terror, que es lo que buscan. Además, a estos fanáticos no les importa que los efectos de los atentados sean pequeños o grandes, no tienen miedo a la muerte; es más, si mueren mejor. Y es eso lo que interesa, para que sus designios se extiendan como un virus y así además de sembrar terror, despertar o reavivar las llamas del odio por el diferente, consiguiendo la victoria perfecta. Quitar de en medio al enemigo potencial nosotros (Occidente) y de paso a los que dentro de su misma creencia se oponen a a sus métodos y pensamientos.

Pero no podemos obviar -y me reafirmo-, que ellos sí están en un estado de guerra constante, que no les van a parar, las buenas palabras, los reproches, ni el “buenrrollismo” políticamente correcto. Ellos sí, están convencidos de que su causa es la única verdad, que los  equivocados son el resto del mundo y para dotar de más solidez estos argumentos, es voluntad de un dios superior. 

Si hacemos un repaso a la historia, no es la primera vez que se usa la fe como arma, no es una  cosa exclusiva del Islam. Todas la religiones cuando han caído en manos de hombres ambiciosos de poder y dinero, han sido usada como un instrumento de control para que el pueblo no se levante y reclame lo que por derecho siempre le ha pertenecido.   

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