Miedo, Fanatismo ¿Salvación?

Las religiones en esencia no son malas, casi todas coinciden en hacer el bien, en ayudar a los demás, en crear un mundo mejor, en dar sentido a la muerte y cuestiones del estilo. Intentando sembrar cada una en sus creyentes, una semilla de la solidaridad.


El problema surge cuando estas son empleadas como un instrumento de control, de unificación de pensamiento, de diferenciación y, sobre todo, cuando son empuñadas como armas, azuzando a masas, por lo general sin crear en ellos un pensamiento crítico. Pidiéndoles sacrificio, y que suele caer en el engaño, creyendo que en la otra vida estará mejor, pues si ha muerto luchando por su religión, le espera un lugar privilegiado al lado del dios en el que cree.

Si ese hombre condenado a muerte, desde el momento que le dicen que está sirviendo a una causa, se detuviera a pensar un poco y fuera capaz de ver, que el que le está arrojando al suicidio, siente dolor y sangra, como otro hombre y que encima, “debe saber a ciencia cierta”, que hay vida después, por tener línea directa con su dios, y sin embargo no le da por inmolarse, debería cuestionarse ¿Por qué debo hacerlo yo? Cosa que normalmente no sucede y en atentados como los de París, Gran Bretaña, Alemania y hace apenas unos días Barcelona, tenemos los más dolorosos ejemplos.

El Islam en este caso, está empleando una guerra de guerrillas, y ellos sí, están en estado de guerra continua, ante el que nuestros gobernantes deberían de tener un plan de contingencia, con fuego, si fuera necesario.

Pero estamos hablando de que estos abanderados de la fe, estos “hombres santos” llamados —muyahidines— se valen de personas, que pasan hambre y necesidad, que están en un estado de alerta continua, que son explotados doblemente; por sus mandatarios y por dirigentes de otras potencias del llamado erróneamente, “Primer Mundo”, y que son los mismos que les venden las armas y reavivan las llamas de la guerra. Un caldo de cultivo perfecto para la receta para crear suicidas potenciales y en acto, que son sus primeros batallones.

Para colmo en la sociedad occidental, en la que cada vez todo es más relativo, donde hay mucha gente sin norte, jóvenes que no han tenido un buen sistema de valores, que han sido educados por la televisión e Internet, porque no han tenido a nadie que le de los instrumentos necesarios para cuestionar las cosas, y por ello son moldeables, hacen de esta causa, que a priori, no debería de ir con ellos, la hagan suya, creando un segundo bloque de armas humanas, integradas en la sociedad, a la espera de que alguien les de la orden. Segundos batallones.

En resumen, cuando unos pocos hombres se autoproclaman santos en vida y dicen hablar en nombre de un ser superior, y que no conformándose con eso, tienen la osadía de decirnos como debemos vivir nuestras vidas, de que manera debemos creer, que está bien y que está mal y por supuesto, evita que pasemos sus palabras por otros filtros, además de los que ellos dan, deberíamos pararnos unos segundo a pensar ¿Por qué? Y actuar en consecuencia a nuestras propias conclusiones, eso sí, basándonos siempre en hacer el bien y no el mal. Aunque puede costar creerlo, sobre todo a ellos, no tienen el Bien, en exclusividad, ni por supuesto su Verdad es la única.

En conclusión, la idea de dios no es mala, la religión no es mala, pero cuando pasa a manos de unos pocos, que la usan como medio de control al servicio de sus intereses individuales, se vuelve letal. No hay nada más que mirar a nuestro alrededor y revisar el pasado, que puede ser la mejor guía para vivir el presente y crear un mejor futuro.

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