Tiempo Muerto

Abatido miró el reloj. Las horas pasaban cansinas y lentas. Cronos, es caprichoso y algo sádico con los humanos: hace discurrir el tiempo a su antojo, lento cuando estamos mal. Rápido en los buenos momentos. Abrió las Rimas de Gustavo Adolfo Bécquer al azar (Rima XCII). Le caía bien el poeta sevillano, sobre todo en su etapa más oscura y depresiva:



RIMA XCII

Apoyando mi frente calurosa
 en el frío cristal de la ventana,
 en el silencio de la oscura noche
 de su balcón mis ojos no apartaba.

 En medio de la sombra misteriosa
 su vidriera lucía iluminada,
 dejando que mi vista penetrase
 en el puro santuario de su estancia.
 Pálido como el mármol el semblante;
 la blonda cabellera destrenzada,
 acariciando sus sedosas ondas,
 sus hombros de alabastro y su garganta,
 mis ojos la veían, y mis ojos
 al verla tan hermosa, se turbaban...

Algo interrumpió su lectura, unas voces extrañas, casi fantasmales...

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