Un encuentro cuanto menos extraño

Tras caminar no sé cuantas horas y ver que todo era tan igual que me daba la senscaión de estar dando vueltas en círculos, decidí trepar al árbol más alto. Lo que vi a lo lejos me dejó flipado, sólo me faltaban Hansel y Gretel tirando miguitas de pan y que la casa que oteé en la lejanía, fuera de chocolate en lugar de madera y pasto. Algo en mi interior me decía que desconfiara de aquella visión folclórica, pero llevaba tanto tiempo andando y sin encontrarme nada más que animales y pájaros que decidí acercarme.

La casa era más grande de cerca. Tenía granero, establo, huerto, corral y chimenea. Llamé a la puerta. Nadie contestó, volví a hacerlo con más fuerza, pero la respuesta fue el silencio. Así que empujé sin mucha convicción y cedió. Una vez dentro grité para llamar la atención de sus inquilinos; estaba seguro de que había alguien allí.

- ¡Hola! ¿Hay alguién? Me he perdido y se hace de noche.

En lugar de respuestas obtuve una serie de postas que golpearon el suelo arrancádole astillas. Lo siguiente fueron dos venerables ancianos, armados hasta los dientes; incluso llevaban granadas. Que me apuntaban desde las escaleras.

- Quieto demonio - la que parecía mandar de los dos era la vieja - no sé como te has saltado las trampas, el buhonero que me las vendió me dijo que eran infalibles.
- ¿A lo mejor porque no soy un demonio? -Dije aún sorprendido.
- Tienes cara de demonio y vistes como ellos.

En ese momento no sé si de manera accidental o no, al anciano disparó la esopeta, un par de perdigones me rozaron el hombro y el resto se estrelló contra una de las ventanas haciéndola añicos.

- Eres un torpe -le increpó la anciana- ahora, ¿quién arreglará la ventana? A ti te sacan de las bestias y los arados y no sabes hacer nada.

Aprovechando la discusión y a velocidad sobrehumana subí las escaleras y los desarmé. Más por su salud que por la mía.

- Ves Anselmo ahora nos violará y se comerá nuestros corazones. Los demonios son unos promiscuos.
- Eso es lo que tu quisieras -

era la primera vez que hablaba el viejo- que este maromo te diera un buen meneo. Claro como ya no te basto yo.

Estaba "reflipando", podían tener ceca setenta largos y aun mantenían relaciones. Este mundo al que había llegado me resultaba muy extraño

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Todo se lo espera uno menos que no dispongan de Viagra en su mesita de noche...
Buen relato.
Rafa ha dicho que…
Me alegro Anónimo que te resulte divertido, si quieres descubrir más descárgate la novela en el siguiente enlace. Gracias por el comentario.
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