Cuentecillo de Navidad

Esperaba ansioso como todos los venticuatros de diciembre. Era la época del año que más le gustaba, todos parecían felices por las calles y plazas a pesar del frío: los niños con sus abuelos, sus padres, sus madres, sus tíos, sus amigos, en un escandaloso jolgorio.

La noche llegó helada, se acurrucó entre sus mantas y cartones e hizo acopio de una botella de anis dulce. Poco a poco fue quedándose dormido. Mañana sería Navidad y todo habría sido como un sueño.

Una mujer abrigada se acercó a la esquina en la que dormitaba y lo despertó:

- Despierta Juan, hay veces que no te entiendo, mi vida.
- Buenos días amor, es la única manera que tengo de sentir eso que llaman el espíritu navideño.
- Eres un viejo testarudo, cualquier día nos das el susto definitivo.

La mujer del abrigo de piel y el mendigo subieron al Rolls Royce y se perdieron bajo la inmensa capa de nieve que estaba cayendo.

Era un día gris y luminoso a la vez. Las farolas languidecían a la luz del sol  que ya empezaba a dominar los cielos. Todas las luces que adornaban de las calles ahora parecían descansar, no había villancicos, ni escaparates abiertos, ni niños con sus padres, era demasiado temprano. Cuando el sol llegara a todo su esplendor, las calles volverían a recobrar la vida y el jolgorio. El espíritu de la Navidad seguiría haciendo de las suyas.



¡¡¡ FELICES FIESTAS !!!

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