Capítulo 2

El Pasaje

El crepitar de la chimenea, unido a la mortecina luz de las velas lo teñía todo con un toque fantasmagórico. Emilio se encontraba al borde del pánico. Una de las ventanas se abrió violentamente a causa del viento, al mismo tiempo, las sombras del ramaje se vieron intensificadas por los relámpagos que hacían un entramado eléctrico del cielo. Todos se sobresaltaron. Nadie se atrevía a alejarse de la luz. Finalmente Arturo, se introdujo en la oscuridad; se escuchó el chasquido de metal contra madera y la vibración de los cristales. El golpe de frío que les lamía las espaldas, se esfumó.

– Veis no era para tanto. Ahora sigamos. – Miriam cogió dos dados de diez y tiró, salió 66. Alex miró la tabla de hechizos.
Has encontrado un grimorio con  sello hermético.
Como Iniciada de nivel 10, tengo el poder de romper sellos.
– Pero no sabes que tipo de hechizo guarda.- Dijeron todos
– No importa. Preparad las armas, puede ocultar algún demonio. – Miriam lanzó de nuevo los dados, esta vez sacó un 100.
– Golpe crítico. El hechizo es mío.
– ¿Qué es? – Preguntó nerviosa
– Página 3 de El Pasaje.
– ¿El pasaje? ¿Qué es eso? – Alex palideció. Nadie sabía lo del libro. Un trueno sonó muy cerca. Todas las ventanas se abrieron de manera progresiva, cada una de una forma más violenta, la última se hizo añicos contra la pared. Emilio temblaba, Arturo quedó en silencio, Luna y Miriam se juntaron. Alex no tuvo reacción alguna.
– Creo que deberíamos dejar la partida.
– Con la que está cayendo no podemos volver a casa. ¿Tú qué opinas Alex? – No reaccionaba.
– ¡¡Alex!! – Luna, cogió su vaso de agua y se la arrojó a la cara.
– Debo contaros algo. – Se introdujo la mano en el bolsillo interior del chaquetón.
– Mirad.
– ¿Qué miremos el qué? – No sostenía nada entre las manos.
– ¡Coño! Este libro.
– Te voy a decir una cosa si esto forma parte de tu manera de ambientar, ya hemos dado la partida por finalizada. Así que déjate de chorradas. – Alex no entendía nada.
- Os voy a leer lo que pone en la página tres, así me creeréis.

“Dante cogió la llave, y la puso muy cerca de su corazón. Todo lo que lo rodeaba pareció derretirse como cera, y se desmayó.
Al despertar estaba en mitad de un páramo. Un camino era lo único que destacaba sobre dunas y montes desnudos. Sintió frío y decidió caminar para que no se le congelara la sangre.
La vereda de plata parecía infinita, caminaba y caminaba pero siempre volvía al punto de origen, cuando creyó que iba a morir, se tumbó  a esperar el fin de sus días de. Una anciana de palidez “post mortem” se le apareció.
– Tienes el Pasaje. Dámelo y sigue adelante, de lo contrario, te quedarás entre nosotros para siempre. – Dante le dio la llave.
Una enorme ciudad de torres góticas, y alumbrada con farolas de gas se extendía más allá de lo que su vista alcanzaba. Cuando quiso darse la vuelta la anciana había desaparecido en la niebla. Sintió angustia, pero estar en aquel sitio extraño debía significar algo. Tanto ritual  había  dado su fruto.

– ¡Basta ya Alex! La tormenta ha arreciado, deberíamos volver a casa. Ahora mismo llamó a mi padre, y nos recoge. – Todos menos Alex, asintieron aliviados.
– Y ve recogiendo los chismes. – Luna le dio a la luz y la atmósfera de misterio y tinieblas se disipó. Luna sacó su teléfono móvil e hizo la llamada, en menos de cinco minutos una furgoneta vino a recogerlos. Cerraron bien la mansión. Justo cuando iban a montar, Alex entró en una extraña convulsión y cayó al suelo. Cada una de sus extremidades empezó a moverse al azar, como si brazos, piernas y cabeza, cobraran vida propia para bailar a distinto son.  Desde la radio de la furgoneta llamaron a una ambulancia.
En el Hospital,  los sanitarios confirmaron que Alex había entrado en coma, ninguna de las pruebas practicadas mostraban síntomas de infección o virus, era alguna afección mental. Encefalogramas y resonancias, mostraban una actividad cerebral poco común.


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