Principio novela juvenil (EL PASAJE)



 





Capítulo 1
Tormenta en la mansión

Era un luminoso día de otoño, las calles se inundaban de luz y de vida. Alex y Miriam se encontraron en las puertas del instituto. A las tres sonaría el timbre y tendrían, un largo fin de semana por delante.
– ¿Qué vamos hacer esta tarde? Están pintando la casa de Emilio y no podremos bajar al sótano. – Emilio era el más introvertido. Con el pelo revuelto, y cara de sueño. Tenía una casa enorme que había pertenecido a sus bisabuelos. Según decía, fueron duques o algo de eso, pero al estallar la guerra tuvieron que marchar a Francia y hasta que no acabó el conflicto no pudieron volver a España. Sus títulos nobiliarios ardieron bajo una estela de santos y vírgenes quemadas.
– No sé Miriam. La partida no podemos anularla, estáis muy cerca de vencer a Lord Maginar, y llevo toda la semana preparándola. Me estoy jugando la nota de Historia.
       No te preocupes, algo se nos ocurrirá. En casa podemos.
       Sí, pero el ambiente es fundamental. Y el sótano de Emilio enriquece – Ambos se miraron sin saber que decir y entraron al Instituto.
Un grupo de alumnos atléticos y con ropa de marca hablaban entre carcajadas a las puertas del aula. Dejaron la conversación al ver a Miriam y Alex. El que parecía el líder se dirigió a ellos
– Mirad, si es la pareja del otro lado del cementerio, ¿a quién toca desenterrar hoy? –  Alex sintió unas ganas tremendas de enfrentarse a él. Miriam, que sabía que no tenía nada que hacer con los del Balonmano, le agarró fuertemente del brazo.
– Y ahora se ponen hacer manitas. Debe dar morbo hacerlo con un cadáver. Tienes que contarme, sí tiene las tetas tan blancas cómo la cara – En ese punto Alex no pudo contenerse, Miriam había aflojado la presión humillada.
–¿Y tú madre?… - No pudo terminar la frase un puño se estrelló contra su cara, y cayó de espaldas arrastrando tras de sí a Miriam. Iba a rematar, cuando el profesor de Historia dobló por los pasillos.
– Te has salvado por los pelos, imbécil. De todas maneras, ni tú ni tu muñequita de porcelana seréis nunca nadie, el mundo pertenece a los fuertes.  Recoged los trozos. – Miriam le ayudó a levantarse. Don Egidio, esperó entraran en clase.
– Alejandro no creas lo que te han dicho, la Historia demuestra que el fuerte ha sido fuerte mientras el débil ha querido.
– Ahora ve a que te miren. Miriam, ¿estás bien?
– Si don Egidio.
– Entonces a clase. – Miriam, asintió.
Alex no fue a hablar con el director, no era un niño, ni tampoco le convenía que amonestaran a Enrique por su culpa. Los gallitos de instituto, eran todos iguales. Había demostrado frente a sus subordinados que nadie le pasaba por encima, estarían algún tiempo sin molestarles.
Se miró en el espejo del lavabo, el ojo morado no favorecía pero era un precio que estaba dispuesto a pagar. Se echó agua y sintió alivio, aunque duró poco, cuando el agua se evaporó, el cerco del ojo latía como si una criatura diminuta luchara por salir al exterior. Volvió a echarse agua y se encaminó al aula.
El resto de las clases, fueron comentarios y risas. Enrique se veía exultante, le encantaba ser popular, por otro lado, ni Alex ni sus amigos fueron molestados. Lo que había hecho Alex era un verdadero acto heroico, y sobre todo Miriam estaría agradecida largo tiempo.
Por fin sonó el timbre, con un fin de semana largo, hasta el miércoles nueve de diciembre, todos se olvidarían del encontronazo.
– Bueno ¿cómo lo vamos a hacer esta tarde? No podemos contar con la casa de Emilio. Miriam nos ha ofrecido la suya, pero el sótano es el sótano. Os vais a cagar.
– Ya será menos. – A Arturo, le encantaba lo paranormal, y era el más difícil de sorprender. Siempre vestía de negro. Se estaba dejando el pelo largo, y decía que se iba a tatuar, pero no sabía aun el que. La realidad era que sus padres le habían puesto coto. Emilio para variar subió los hombros con indiferencia; -no podía echar a los pintores de casa. Arturo intervino de nuevo y propuso jugar en un panteón, no le pareció bien a nadie. Por último Luna, una chica que había venido de una localidad vecina hizo una sugerencia.
– Podríamos ir  a la mansión de los Villar, puedo conseguir las llaves.
– ¿Eso no es ilegal?
– A una hija del cuerpo ¿le vas decir tú lo que es legal?
– En ese sitio pasaron cosas raras, dejémoslo para después del puente. Los pintores ya se habrán ido. – Intervino Emilio.
– Anda gallina. Y ¿Tú quieres ser arqueólogo? Cuando tengas que entrar en un  enterramiento,  pisarás huesos y cráneos que crujirán a…
– ¡Calla ya Arturo! – Espetó Miriam
– Hagamos votación. – Emilio sintió alivio, pero viendo la cara de todos supo que acabarían en La Mansión.
- Entonces quedamos a las seis frente al cuartel. No olvidéis dados ni fichas. Y Luna, espero que tengas todo controlado. No me gustaría que a nuestros padres tuvieran que llamarlos la policía.
– No te preocupes. Controlado.- Cada uno tiró para casa, la tarde prometía.
El día había dado un giro de 360º. Lo que en la mañana parecía sol y temperaturas agradables, había dado paso a un cielo de nubes pizarrosas. Alex había llegado el primero, mientras tomaba una coca-cola, daba los últimos retoques al final de la aventura. Estaba orgulloso de su criatura. En una hora llegó el resto.
– ¿Estáis preparados para pasar el rato más acojonante de vuestra vida? – Todos asintieron.
– Luna, ¿tienes las llaves?  Llevo velas en la mochila.
– No hacen falta, hay luz eléctrica y chimenea. No es la primera vez que entro.
– No nos lo habías dicho nunca.
– Nadie me había preguntado. - Emilio sintió alivio, si Luna había estado, era falso el rumor.
La mansión, poseía jardines asediados, de malas hierbas y enredaderas que intentaban estrangular las gruesas paredes en ladrillo visto. A ambos lados de la fachada, se levantaban unos enormes balcones con columnas, que conservaban la parte de la decoración, que el abandono no había conseguido arrancar. El ático estaba rematado por un rosetón. Toda la mansión cubierta por tejados a cuatro aguas, coronados por pináculos que rasgaban el cielo.
Luna introdujo la llave. Una bofetada de polvo golpeó a los cinco. El mobiliario estaba cubierto por sábanas y enormes telarañas que ondeaban como velas en un mar desolado. De los techos colgaban pesadas lámparas, lo que confirmaba su solidez. En el hueco de la chimenea había mucha madera. Alex vio sus expectativas, superadas con creces. Era el mejor sitio en el que jamás habían jugado a rol.
– ¿Y qué paso realmente aquí?
– Hubo una serie de muertes que quedaron sin resolver. Para más INRI los cadáveres desaparecieron, y nunca nadie volvió a saber nada de los Villar.
– Eso son paparruchas. – Intervino Emilio.
– Seguramente les pasó como a mis bisabuelos, que tuvieron que huir de la guerra.
– Realmente no sé, pero desde entonces no ha vuelto a habitarla nadie. Por cierto chicos, la madera la hemos preparado mi padre y yo. Cuando nos mudamos nos la ofrecieron. A mi madre le pareció demasiado grande. Entonces la inmobiliaria le dejó las llaves, por si aparecía comprador.
– Pues el sitio ideal. Podría ser nuestra sede permanente.
– Relájate Arturo, por eso no os dije que tenía las llaves. Me ha costado sudores convencer a mi padres y pasará mucho tiempo hasta que podamos volver a pisarla.
– Bueno dejemos de charlas y vamos a encender el fuego. Parece que va a refrescar. Yo mientras voy dando los últimos retoques a la aventura. Nos sentaremos en el suelo delante de la chimenea, si nos hace falta luz encenderemos velas.
– Alex hay luz eléctrica.
– Ya pero no será igual, dejaré la linterna a mano por si a alguno cree que se va a cagar en los pantalones. – Todos lo miraron con indiferencia y se pusieron a apilar leña. Alex extendió un mantel enorme en el suelo a unos metros del hogar. Sacó, papel, lápiz, goma, y figuras de plomo y  abrió el mapa de un castillo.
– Por cierto Luna, ¿dónde están los servicios?
– Ves esa puerta pequeña a la izquierda. Pues ahí  hay un lavabo. Perdonad chico, no os he enseñado el resto de la casa. Subid conmigo y echamos un vistazo rápido. – Había primera planta, buhardilla y sótano. La primera planta era un corredor enorme, con habitaciones a ambos, lados, a diferencia del salón los muebles habían desaparecido. En algunas de las habitaciones quedaban restos de cenizas y manchas negras por las paredes. Como había comentado Emilio, en alguna ocasión -las llamas de la guerra arrasaron por igual,  lo divino y lo profano-.
Las planchas de madera del suelo crujían, aunque por su solidez no entrañaban peligro. Al final del pasillo la habitación de matrimonio. Primero entró Luna; tras ella el resto y abrió el balcón.
– Desde aquí se puede ver todo el pueblo. – Acto seguido, Arturo se apoyó en uno de las columnas, y respiró hondo.
– Mirad, soy el Conde de Villar, y devoraré vuestras almas. ja ja ja…- La risa se le cortó, la decoración floral sobre la que estaba apoyado se desprendió, estuvo a un pelo de despeñarse, por suerte pudo agarrarse a una barandilla lateral. Alex le habló.
– Se acabó la visita, empieza a anochecer, arrecia tormenta, y quiero terminar  la aventura. Y tú Arturo prepararás la siguiente.
– ¡Joder Alex! Le tocaba a Miriam.
– Sí pero la primera vez pusimos reglas. El Master, sí tenía razones convincentes, podía aplicar algún castigo ejemplar. Que te hayas cargado parte del patrimonio del pueblo es razón suficiente. ¿No creéis? – Todos asintieron con una sonrisa.
Arturo, sabía mucho de cosas paranormales, pero sus virtudes como Master dejaban que desear. Miriam cerró el balcón y justo cuando se daban la vuelta, se iluminó el cielo, el estruendo de un trueno hizo temblar los cristales. La tormenta estaba cerca.
– Antes de bajar, os quiero enseñar algo. Subamos a la buhardilla sólo serán unos minutos.
La buhardilla era un despropósito de telarañas, chismes inútiles y ropa vieja. A la izquierda el enorme rosetón gótico, tamizaba los pocos rayos que escapaban a las nubes, revelados por el polvo de las pisadas. Al frente un enorme armario empotrado. Luna se fue hacia él. Emilio que estaba deseando bajar intervino.
– ¿Para esto hemos subido? ¿Para ver un estúpido armario empotrado? ¡Vamos a jugar! Tengo ganas de vérmelas con Lord Maginar.
– ¿Y no te gustaría vértelas con el cadáver que Luna ha descubierto en el armario? – No pudieron evitar reírse de las palabras de Arturo.  Emilio se puso rojo de vergüenza, y pensó que lo mejor era estar callado. De repente un relámpago más grande iluminó la buhardilla, acto seguido la luz se apagó. Todos dieron un respingo, menos Luna.
– No os preocupéis, a veces pasa. Volverá enseguida.
– Ahora mirad. – Un montón de perchas vacías y más telarañas ocupaban el enorme hueco del armario.
– ¿Y todo para esto?
– Almas de cántaro. – Luna introdujo la mano en una ranura de la pared.
– Desdecíos. – Todos se fundieron en un ¡Oh! Enorme. Un centenar de tomos viejos encuadernados en piel y con letras doradas, sustituyeron a perchas y telarañas. Sólo Emilio habló.
– Son primeras ediciones de Goethe, Dante, Kafka, Borges, Bécquer… ¿Tú? – Dijo muy nervioso – ¿Tienes idea de el tesoro que has encontrado? En una librería de viejo te pagarían una fortuna.
– Ni mi padre lo sabe. Será nuestro secreto. Honremos la memoria de los muertos.
La luz se volvió a ir, en esta ocasión, tardó más en volver. Sólo Alex, había visto como uno de los tomos caía al suelo. Era como sí el libro tuviera voz y lo llamara, se arrastró sigilosamente y lo cogió;  todos estaban pendientes de que la luz volviera. Al tocarlo sintió una sensación muy agradable, como cuando era pequeño y le aterraba la oscuridad. Al poco de acostarse llegaba su madre, lo arropaba y daba un beso de buenas noches. Todo ser o inquilino de las sombras desaparecía. Por suerte le cabía en el bolsillo. Volvió la luz. Luna apretó de nuevo el mecanismo, y las perchas volvieron a su sitio. Todos bajaron al salón menos Alex.
– No os preocupéis, querrá darle un poco de emoción. –  Dijo Miriam. Pero Alex era ajeno a todos. El destello plateado del título lo tenían hipnotizado. En su mente sólo dos palabras. El Pasaje.

Comentarios

Publize ha dicho que…
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