Posible comienzo de algo




Miró hacia los lados antes de doblar la esquina. Desde que salió tuvo la sensación de que le seguían. Pero no veía a nadie, aunque a cada metro que avanzaba le parecía escuchar pasos. Decidió que todo era producto de su desbordada imaginación. Por fin había llegado, el edificio seguía imponente a pesar de la dejadez y el abandono, que habían hecho lo que una cantera a una montaña, sobre el mármol de la fachada. Sacó la llave que el cerrajero le había fabricado y se introdujo en el edificio.
El olor a polvo y a cerrazón hacía el aire a ratos irrespirable. Tanteó la pared buscando la luz de la entrada, con la esperanza de que la compañía no hubiese cortado el suministro, sus dedos toparon con un interruptor, y solo dos bombillas se encendieron en la enorme araña que colgaba del techo. Lo que indicaba dos cosas; que alguien que no vivía en la mansión, pagaba las facturas, o que a los de la compañía se les hubiese pasado. Lo segundo parecía menos lógico ya que los de las hidroeléctricas eran implacables con los morosos.
La poca iluminación le venía muy bien ya que así no delataría a nadie su allanamiento. Sacó del bolsillo un improvisado plano dibujado a lápiz, sobre papel cuadriculado. Debía subir al ático donde se encontraba la biblioteca.
Las escaleras que daban acceso a la primera planta crujían, el pasamanos estaba cubierto de telarañas, polvo y astillas, una de esas astillas se le clavó en la palma de la manos infringiéndole un daño terrible que casi le hizo perder el equilibrio, lo que le hubiese provocado una fatal caída, pues se encontraba casi al final del cuerpo de escaleras.
Intentó sacarse la astilla con los dientes, cosa que casi consiguió de no ser porque la astilla se partió, dejando un resto dentro de su piel, tendría que dejar que el cuerpo hiciese el resto.
Por fin llegó al ático, donde buscó otro interruptor ya que la luz de la araña central no llegaba a aquella zona, no tuvo la misma suerte que la vez anterior, y entonces recordó que llevaba una pequeña linterna de mano en los bolsillos, se dio un manotazo en la frente reprochándose su mala memoria. La encendió y empujó la puerta del ático cuyas bisagras gimieron como un fantasma, en este punto si sintió algo de miedo, tardando unos segundos en introducirse a la oscuridad.
El ático era un manto de polvo, acuchillado por los tímidos rayos de la luna, sobre los que las motas de manera caprichosa, danzaban al son de sus pasos. Una telaraña enorme le impactó en la cara, le produjo mucho asco, casi vomita, a causa de la tos que los elaborados y finos hilos le produjeron al tomar contacto con su campanilla. Escupió, pero el sabor a polvo se quedaría en su garganta durante un largo rato.
Enfocó la linterna a las paredes estaban recubiertas por enormes estanterías, debía de buscar la que tuviera el hueco para que el libro que llevaba entre la manos encajara. Encontró tres, uno junto a una ventana claveteada de justo enfrente, otro a la derecha y otro a la izquierda. El de la ventana no tenía mucha lógica, ya que si activaba el mecanismo que abría la puerta oculta, daría a la calle, así que decidió probar con los otros dos. El de la derecha no produjo ningún efecto, pero el de la izquierda puso en funcionamiento el sistema de poleas y pesos haciendo temblar todas las estanterías, por unos momentos tuvo la sensación de que el piso se hundiría a sus pies, pero no ocurrió

Comentarios

Winnie0 ha dicho que…
¿y se abrió la pared???? Me encanta este posible comienzo Un abrazo
Rafa ha dicho que…
Gracias Winnie
Un abrazo. Mer encanta que de vez en cuando te pases por el blog
Rafa ha dicho que…
Winnie
Pues aun no lo sé pero tiene toda la pinta de que algo se abrirá,y que sconderá algo...jajaja...un besote

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