A unos pocos metros

Cuando un listo, le dijo a Pedro, que el amor no entiende de tiempos ni de espacios Pedro se rió en su cara. Se lo iban a decir a él, cinco años viviendo a pocos metros del que creía su verdadero amor, y apenas si cruzaban un casi inaudible ¡Buenos días! (sin signo de exclamación)

Ella siempre le miraba de frente, altiva hermosa, segura de lo que era y lo que tenía. Y Pedro, como un cachorrillo mojado, agachaba las orejas y apretaba el paso, buscando la esquina para perderese entre la multitud de las calles. Pero lo peor de todo no era su tímidez; que muchos podían tachar de crónica.

Todo lo contrario Pedro, era un triunfador, un mujeriego, un trápala, un castigador, en pocas palabras, irresistible y muy cabrón. Lo contrario de su vecina, la mujer que amaba en secreto y que se llamaba Alba que era: su tendón de Aquiles, su criptonita, su punto débil y contra eso era imposible luchar. Así que con el rabo entre las piernas huía de una conversación superior a unos segundos; no tanto por enamoramiento, sino porque era la única tía que había resistido a sus encantos. Pedro, pensaba que Alba, no se mercía un paria como él, o al menos, esa era la excusa de la que siempre echaba mano para autocomplacerse.

Era sintomático, cruzarse con Alba y pegarse una juerga con alcohol, sexo y final feliz esa misma noche. 

Debía de poner pies en pared o acabaría mal, ya no era un chaval y su tren de vida debía de bajar el ritmo.

Así que ese día se propuso echarle pelotas e invitarla a cenar; lo apuntó en su cabeza como imperativo. 

"Pedirle una cita o abocarse al fracaso, eterno"

Ese viernes trece se levantó más temprano de lo habitual, y se puso a espiar tras la cortina, en cuanto escuchará los primeros pasos de Alba al salir; sonido que había memorizado con creces. Se haría el descuidado y le saldría al paso, para intentar entablar una conversación más larga de lo habitual. Sonaron los pasos por las escaleras, y luego la puerta chirrió. Véloz como un gato salió de su casa.

-Buenos días, Alba -su corazón bombeaba a velocidad de vértigo.
-Buenos días Pedro, te veo más alterado de lo normal. Una mala noche, supongo -Pedro, no supo que responder y estuvo a punto de pasar por alto, el plan trazado.
-No, ayer no salí.
-Cosa rara en ti. No sé como puedes aguantar, ya tienes una edad y...
-¿Tienes planes esta noche? -la cortó tajante -Te invito a cenar. 
-No tengo planes y ya estabas tardando. Un poco más y la pierdes -sin pedir opinión Alba empezó a organizar, la cena, el sitio, la hora...bla, bla, bla...

La tía hablaba hasta por los codos. En este punto, Pedro, dejó de interesarse por ella, ahora entendía que no tuviese muchas citas, era una mujer calculadora, perfeccionista y demasiado organizada; en pocas palabras una maniática del orden. Todos sus ideales se derrumbaron, Alba no era la mujer que él había idealizado. Pero ya había dado el primer paso y si no proseguía tras cinco años de esperas, no tendría excusa. 

La gente merece separarla de los prejuicios que sobre ellos se sacan. No siempre valen las primeras impresiones. (No siempre)

Después de varios meses, de salidas y entradas con la vecina, Pedro le pidió matrimonio, se casaron y tuvieron un hijo. 

El demencial ritmo de vida del antiguo Pedro se desaceleró por completo. No supo si por castigo o como regalo de Dios, pero en Alba encontró la mujer que realmente  necesitaba. 

Comentarios