Estaba allí aunque no podía verla


Su aroma se extendía difuso por el entorno. José, lo sabía, era capaz de presentirla. Solo esperaba la señal, la chispa que incendiase todo y le sometiera al trance, a veces incómodo, otras veces muy placentero. 
Encendió un cigarro y dio una primera calada, profunda como un mar de niebla y miró por la ventana; era un día gris y triste, perfecto para cualquier enfermo de melancolía. 
No llovía, pero la humedad podía olerse en el aire. José no sabía porqué, pero en esos días grises, ella se hacia sentir de una manera más fuerte, le arañaba el alma, atizaba sus inquietudes y lo obligaba a escribir, a rellenar el vacío de su vida más bien insulsa. 
Se entregó y todo el entorno despareció. En su lugar sus monstruos, sus pesadillas, sus inquietudes, sus momentos dulces, sus amores lejanos, coparon todo el espacio. 
Tenía otro relato más, para la antología de su vida. 
  

Comentarios

Juji ha dicho que…
¡Ay! Rafa, que bien describres esos momentos... para otro relato más.
Un fuerte abrazo.
Rafa ha dicho que…
Gracias Juji
Es que es más o menos lo que siento, aunque no sea un día nublado y gris.

Un abrazo

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