El precio de una eternidad


Había perdido la noción del tiempo. Deambulaba como un zombi por terrenos extraños. Rastrojos, hierba seca, y polvo, sobre todo mucho polvo. 
Miró al cielo intentando orientarse por el sol, pero nunca se le había dado demasiado bien, además aquel lugar estaba al margen de cualquier noción de tiempo o espacio conocida. Se acercó a un árbol muerto y se sentó a esperar. 
Esperó y esperó, pero el hambre le hizo levantarse y buscar. Nadie pasaría por allí para ayudarle, había vendido su alma demasiado barata, a cambio de un amor correspondido pero breve muy breve. Sobre todo cuando tienes toda una eternidad para vivir y nada de tiempo para morir. 
Ya no sabía los siglos que llevaba deambulando entre todos los mundos. El mundo humano y todos los demás. apretó los dientes. Todo era demasiado absurdo.
¿Comer? ¿Para qué?.
Volvió hacia el árbol muerto y se sentó otra vez debajo a esperar. Era lo que le quedaba; esperar...Ni siquiera la poderosa muerte era capaz de romper la maldición.

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