Principio de un relato

Me críe en un pequeño pueblo con montañas, lagos y bosques llamado Senderos; aun no me explico como un mal bicho como yo pudo nacer en un lugar tan idílico. Mi padre era comercial y solamente paraba en casa de noche y los fines de semanas; estos segundos con cada vez menos frecuencia, por lo que mi madre empezó a sospechar que tenía otros negocios. Cuando le preguntaba porque paraba tan poco en casa, mi padre siempre decía que la vida avanzaba muy deprisa y que quería que a su familia no le faltase de nada. Y acababa contando que el se crió sólo con su madre, que pasaron muchos apuros y que mientras tuviera fuerzas ni a mi madre, ni a mí, nos pasaría eso. Mi madre las primeras veces miraba a mi padre con ojos brillantes y luego le besaba, de una manera que a mí me daba una vergüenza terrible. Pero cuando descubrió que el negocio de los fines de semana era una morena con tetas de goma y piernas de infarto, se acabaron los besos, las preguntas y los cariños. Incluso mi madre empezó a verse con “Donatello”, un artista medio hippie que hacía cuadros y esculturas rarísimas cuyo verdadero nombre era Manuel y que le enseñó a ver el mundo a través de los ojos de un artista. En su vida vendió nada, pero encontró en mi madre a una mecenas con pasta y despechada con el cabrón de su marido, que le compraba sus simulacros de obras de arte, que mi madre almacenaba con esmero en el sótano de la casa, – un auténtico museo de los horrores – al menos la pasta se la fumaban entre los dos, y mi madre con la excusa del sexo libre tenía sus necesidades cubiertas. Se la veía muy feliz, aunque yo en cambio con sólo diez años tuve que aprender a vivir con una madre y un padre que cubrían mis necesidades con dinero.

Comentarios

Winnie0 ha dicho que…
Pues es un muy buen principio y planteamiento de la situación..
¿seguirá?
Besos
Rafa ha dicho que…
No sé si aquí en blogger o en cualquier concurso, he colgado este fragmento para conocer opiniones y como siempre agradezo cantidad que hayas dado la tuya.
Besos