Roque


Los escombros eran copiosos. Un extraño y localizado temblor había hecho que la mansión del titiritero fuese la única que se viniese abajo. Todas las marionetas menos una yacían hechas añicos

Del titiritero no se supo nada, ni rastro de su cuerpo y mucho menos de su alma.

Las malas lenguas contaban que el secreto de su éxito se encontraba en un pacto con las energías telúricas. Del carromato a la rica mansión había pasado en cuestión de tres años, se llamaba Bastian y era el artista más popular y envidiado del mundo de la farándula.

El tiempo pasó, al no tener familiares conocidos, todo el patrimonio pasó directamente a la autoridad local, convirtiéndose así en un bien en manos muertas, ya que las arcas del ayuntamiento no podían hacerse ni siquiera cargo de la recogida de escombros, entre otras cosas porque la recaudación iba directamente al ocio y disfrute de don Damián el alcalde perpetuo, un tipo gordo y colorado, último vestigio de un linaje de señoritos de los de antes, que gestionba el pueblo como su hacienda.
Por otro lado daba trabajo a todo el mundo, y el paro era inexistente y en boca cerrada no entran moscas.



Un día don Damián paseaba con un par de concejales, y fue a la mansión del titiritero, había tenido ingresos extra e iba a construir en aquel lugar una bodega. Mientras caminaba por los escombros algo le hizo resbalar.

- ¡Joder! Me ha faltado poco para caer. Mañana mismo desescombramos el lugar. - Uno de los dos concejales tomó nota. Era un tipo de piel cerúlea y ojos de comadreja, debía de ser la mano derecha del alcalde. El otro un hombre larguirucho y algo encorvado se acercó al lugar del resbalón. Y se agachó.
- Es un muñeco. Bastante feo por cierto. Tiene algo tallado bajo la ropa ROQUE.
- Ahora mismo lo estás tirando, no tengo tiempo para muñequitos.
- Pero señor Damián, puede ser la única marioneta que quede del titiritero. Usted sabe ¿cuánto pagaría uno de esos coleccionistas excéntrico? Una verdadera fortuna.
- Pues échelo en el coche como todo lo que viva o respire en el pueblo, me pertenece. - El tipo encorvado se encaminó hacia el Mercedes oficial y lo guardó en el maletero.

Los ojos de cristal del muñeco brillaron como diamantes, y ese destello inmovilizó por unos instantes al subalterno, que cerró el maletero rápidamente asustado, parecía como si estuviera vivo, pensó que lo mejor era guardar silencio al respecto.
Tras el paseo el alcalde se quedó en su mansión y los otros dos tiraron para su casa.
Una vez en casa se sirvió una copa de brandy y encendió la chimenea y un enorme habano. Mientras disfrutaba de copa y puro, un brillo a su espalda interrumpió el momento. Dejó la copa sobre una mesa baja y se encaminó a la fuente del destello.
- ¡Coño si es Troque! No se como la gente pagaba para verlo hablar es feo de cojones. - Y le metió la mano por la espalda. En el interior hueco, había un juego de cordones, seguramente para accionar los mecanismos de la marioneta. Tiró de uno de ellos y el muñeco movió la boca.
- Esto no tiene ningunn misterio. - Y se puso a hacer el ventrilocuo.
- Hola me llamo Troque y soy más feo que una cabra vieja, jejejeje. No me queme su majestad valgo una pasta. - Tras hacer un rato el tonto don Damián se dispuso a sacar la manos de las entrañas del artilugio, pero parecía haberse atascado. Sin accionar nada el muñeco giró 360 grados.
- ¡¡Gordo imbecil!! Mi nombre es Roque. - Aquella enorme bola de sebo con patas se puso a sudar como un cerdo. El muñeco habló de nuevo.
- Ahora yo soy el amo y tu la marioneta, me alimento de almas negras y la tuya es la más exquista que vi jamás. - La cara del alcalde perdió todo atisbo de humanidad.
- Ahora saltarás a la chimenea y permaneceras ahí hasta soltar tu último hálito, para que te hagas una idea de lo que te queda para el resto de la eternidad. - Obediente como un títere se lanzó a las fauces de la chimenea.

Las llamas tardaron muy poco en devorar la hermosa mansión de madera. Un fétido olor a sebo y carne quemada fué el único rastro que quedó del alcalde. Rodeada de humo el sillón favorito de don Damián había resistido el fuego. Sobre ella una marioneta con ojos muy brillante parecía sonreir.

Comentarios

Winnie0 ha dicho que…
Espeluznante...¡qué frío he sentido!...Gracias por regalarnos relatos así de vez en cuando. Besos
Halatriste ha dicho que…
A Winnie.

De nada es un placer
Maribel ha dicho que…
Jo, qué bueno, halatriste. Me ha gustado mucho. Tienes una narración envolvente y esos diálogos son geniales, le dan una frescura al texto insuperable. Te felicito. Un abrazo.

P.D. Sólo he visto algún problemilla de comas mal puestas o ausentes donde debían estar.
Halatriste ha dicho que…
A Maribel

No son comas pq te las comas, jejejejeje son mi gran cruzada.
Pero en fin, creo q poco a poco me haré con ellas.
Gracias
Un besote