Secretos y confesión


- Ave María Purísima.
- Sin pecado concebida.
- Dígame hija. - La madera del confesionario estaba apolillada, al igual que el artesonado del techo de la pequeña Iglesia de María Magdalena. Sólo en el retablo se podía apreciar la huella de una vieja restauración. Olía a humedad y a cera, y el suelo de mármol amarilleado intensificaba la sensación de frío.
- He pecado padre, soy infiel a mi marido, bueno ha sido más bien por necesidad. Lleva parado casi un año y el mes que viene se acaba el subsidio de desempleo, tengo dos hijos a los que dar de comer.
- ¿Y?
- Me he echado a la calle, bueno más bien trabajo en un club. En principio entré de camarera, el puesto implicaba sólo enseñara las tetas y el culo, nada de subir a las habitaciones. Mi marido lo sabía, y ante la necesidad se tragaba los celos, y cuidaba de los niños. Había veces que trabajaba casi doce horas. Con los seiscientos euros, del sueldo las propinas y el desempleo, nos iba bien; es más creo que mi marido se durmió en los laureles, decía que iba a buscar trabajo, pero cuando volvía el aliento le olía a alcohol. Viendo que la cosa se complicaba, hablé con el dueño del club, me dijo que estaba de muy buen ver, y que podía sacar mucho partido si subía con los clientes y me ofreció un puesto en la sala de las Máscaras, allí, todos llevamos máscaras, así conservamos el anonimato. - El padre Frasco, tragó saliva, si de por sí no estaba de acuerdo con lo del sexo sin amor, lo de las máscaras le parecía enfermizo.
- Debes salir cuanto antes, y buscar una manera honrada de ganar dinero, y sincerarte con tu esposo.
- Para usted es fácil decirlo, tiene todas sus necesidades cubiertas. Además mi marido no es tonto. Se huele algo, pues vio que nuestra cuenta corriente subía, y no preguntó, y lo que más temo no es que se entere, sino que tenga que seguir haciéndolo, o es ¿qué se cree usted que yo disfruto? Pero el hecho de ir ennmascarada deshinibe. - El padre Frasco sintió un principio de erección, de refilón sus ojos se había fijado en los pechos de la feligresa, cuyo volumen junto con el frío de la iglesia marcaba sus aureolas, a pesar de la blusa abotonada hasta el cuello, la sensación de incomodidad y calor del confesionario iba en aumento.
- No crea que yo tengo todas las necesidades cubiertas... - En este punto de la conversación, pensó que el subconsciente se había entrometido en sus palabras, y se ruborizó.
- Además, a la sala de las Máscaras sube gente de lo más rara, no quiera usted saber lo que me han pedido algunos. - La erección llegó al culmen con aquellas palabras, y aunque intentaba mirar para otro lado, la impronta de aquellos turgentes pechos tras la tela negra no desaparecía.
- Padre Frasco, ¿sigue ahí?.
- Si hija sí.
- Bueno, entonces ¿cual es la penitencia?.- La que yo estoy pasando en estos momentos, pensó el cura.
- Rece dos Padrenuestros y tres Avemarías.
- Y ya está.
- Si hija ya está.
- Pues quiero que sepa que me siento mucho mejor, y que es usted muy buena persona, y que si no fuera por el hábito, no me importaría hacerle un favor. Sería como eso del secreto de confesión que ustedes los sacerdotes deben de respetar, en mi mundo nosotras hacemos un poco de cura. Además le recuerdo que en la sala de máscaras, nadie conoce a nadie. - y se desabrochó un botón, con lo que sus tetas ocuparon su posición y color natural, con tantas pistas al pobre padre Frasco le iba a estallar la bragueta.
- Gracias de nuevo.
*****
Nunca sabremos si el pobre Frasco fue a la sala de las Máscaras, si pudieron más los votos o las tetas, lo que si está claro, que el padre Frasco, era hombre, y que a veces luchar contra natura, es duro, y que no todo el mundo sale con la victoria en la mano

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Comentarios

Didac Valmon ha dicho que…
me ha encantado, jajaja, pobre cura teniendo que escuchar esas cosas...y seguro, seguro, que pilló la victoria con la mano!!
Maribel ha dicho que…
Me parece un cuento magnífico, de verdad que te felicito, has llevado la historia con una maestría apabullante. Tema actual (la crisis), conflicto permanente (la "falsedad" de la iglesia), morbo (el sexo en todo su esplendor). Chico, que me ha encantado.

Por cierto, es curioso, yo tengo un micro parecido, bueno, en su temática: chica prostituta, cura promíscuo... Quizás algún día lo cuelgue.

Un abrazo y feliz domingo.
Halatriste ha dicho que…
A Didac
Los sacerdotes son ante todo hombres, y supongo que estas cosas pueden pasar.

A Maribel
Me han encantado tus palabras, gracias ante todo,
y publicaló me encantaría leer ese microcuento.

Gracias
Lola Mariné ha dicho que…
Un estupendo relato.
Divertido y realista al mismo tiempo.
¡Pobre cura!
Halatriste ha dicho que…
A Lola.

La verdad es que el padre Frasco da un poco de pena, pero, aunque ahora menos que ante en un confesionario te puedes encontrar cualquier cosa.

un beso
Winnie0 ha dicho que…
La verdad es que está super bien contado. Dicen que la carne es débil...Evidentemente estas cosas pueden pasar...Besos
Halatriste ha dicho que…
A Winnie0
Y tanto que lo es, pero bueno es cuestión de prioridades, y esas cosas
jejejejeje
Saludos

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