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Mostrando entradas de abril, 2009

Secretos y confesión

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- Ave María Purísima.
- Sin pecado concebida.
- Dígame hija. - La madera del confesionario estaba apolillada, al igual que el artesonado del techo de la pequeña Iglesia de María Magdalena. Sólo en el retablo se podía apreciar la huella de una vieja restauración. Olía a humedad y a cera, y el suelo de mármol amarilleado intensificaba la sensación de frío.
- He pecado padre, soy infiel a mi marido, bueno ha sido más bien por necesidad. Lleva parado casi un año y el mes que viene se acaba el subsidio de desempleo, tengo dos hijos a los que dar de comer.
- ¿Y?
- Me he echado a la calle, bueno más bien trabajo en un club. En principio entré de camarera, el puesto implicaba sólo enseñara las tetas y el culo, nada de subir a las habitaciones. Mi marido lo sabía, y ante la necesidad se tragaba los celos, y cuidaba de los niños. Había veces que trabajaba casi doce horas. Con los seiscientos euros, del sueldo las propinas y el desempleo, nos iba bien; es más creo que mi marido se durmió en los laure…

Helado de fresa y nata

Ardía el aire inflamado por el verano más calcinador en algunos años. Rafael jugaba con las sombras de los árboles, intentando pasar la espera lo mejor que podía. Aun tardaría en anochecer, pero debía estar allí; la entrega llegaría en cualquier momento.
El sudor le había pegado la fina camisa a la espalda le estaba empezando a doler la cabeza, y el calor se hacía más violento. Sacó una botella de agua de la mochila, estaba caliente, pero no tenía nada más, bebió; mientras tragaba pensó que vendería su alma por un helado de fresa, o de nata, o de fresa y nata, pero en aquel lugar apartado del pueblo, el tipo del camión de helados no llegaría, y sí ¿se iba a buscarlo?, era una cosa estúpida, los tipos con los que había quedado no admitían errores, y él había dado su palabra avalada por sus pelotas, -si no cumplía se las volarían- volvió a beber agua.
De pronto se levantó un poco de aire era muy agradable sobre su cuerpo sudado, una música familiar vino enganchada en la brisa, era el cami…