Un paseo


Eran las dos de la madraguda, tras una tarde de demasiado calor para ser primavera una corriente fría y perfumada de azahar en flor, zarandeaba los chorros de la fuente de la Plaza de Andalucía.
En lugar de volver a casa por dónde siempre, decidí dar un pequeño rodeo por el casco antiguo, y aprovechar para contemplar en soledad la iluminación de la Parroquia de la Asunción, que acentuaba la laboriosa restauración a la que había sido sometida. Me senté en un banco y encendí un cigarrillo. En lo alto de la torre barroca crotorearon las cigüeñas.
A pesar del desagradable frío me encontraba muy a gusto y relajado. Un gato canela saltó de un contenedor sobresaltándome, miré el reloj, eran casi las tres, había estado una hora en aquel sitio, ya no hacía tanto frío. Me levanté en dirección a casa. La enorme puerta de chapa que tapaba el acceso a la calle del Convento de Santa Clara estaba abierta, sí la puerta del otro extremo de la calle se encontraba igual, acortaría, además la curiosidad, - llevaba años en restauración -, me hizo dar el paso definitivo. Me asomé y el final de la calle estaba abierto, procedí a entrar, curiosamente una de las puertas de acceso al convento, también lo estaba, entonces mi imaginación se desbordó, al venirme a la memoria la historia de Juan de Manosalbas, el fundador del convento.
"Cuenta la leyenda que Juan de Manosalbas Caballero Veinticuatro de la ciudad de Córdoba fué a combatir a finales del siglo XV, al volver el rumor de que su esposa le había sido infiel recorría las calles del pueblo, sin pararse a pensar la apuñaló. Tras el homicidio descubrió que todo era infundado. Para expiar sus culpas donó a la Iglesia una casa solariega, y sobre ella se erigió el convento de Santa Clara de Palma."
En el interior la corriente helada volvió a atacarme, escuché unos pasos y me oculté.
- Señor, no debe temer, no vengo a hacerle daño. - Una mujer muy bella envuelta en un vaporoso traje de seda blanca se acercó a mi escondite. Yo temblaba como un chiquillo, en cuestión de segundos pasé del frío al calor, la impresión no me desmayó por muy poco.
- Dígale a Juan que lo he perdonado. - Intentó tocarme y desapareció.
Raudo como un cohete salí del convento, y corrí hacia la salida, en poco tiempo estaría en casa. Me puse el pijama aun temblando, de repente la misma paz que me había invadido frente a la torre de la iglesia, se hizo conmigo.
Aquella noche dormí como los ángeles tal vez la bondad de aquel bello fantasma, me había poseído de la misma manera que lo hace la maldad, o simplemente los nervios y la tensión acabaron noqueándome.

Comentarios

Lola Mariné ha dicho que…
"crotorearon..."
¡Jo, tio! Me has impresionado con ese palabro. Lo he buscado en el diccionario: no sabía yo que las cigüeñas crotoreaban.
Mira por donde, hoy he aprendido algo nuevo.
El relato, estupendo.
Maribel ha dicho que…
Pues hay otro palabro bueno, "madraguda", no está ni en el diccionario (es broma, jeje, no te molestes).
La leyenda siempre tiene un componente muy atractivo, esa imagen de la aparición, recurrente en muchos relatos, no deja de tener su encanto. Bien utilizada.
Halatriste ha dicho que…
A Lola yo tb tuve que buscar como se llamaba el sonido que hacen las cigüeñas con el pico, yo también me "la aprendí" ayer, pero suena bie crotorear, jejejejeje.
Besos
Halatriste ha dicho que…
A Maribel
Para nada me molesta es que algunas veces cuando le das demasiado rápido a las teclas, pasan esas cosas, pero ni suena mal la "palbreja madraguda", jejejejeje, has visto me ha vuelto a pasar.
Besos
Halatriste ha dicho que…
Por cierto como dices Maribel lo de la Dama Blanca, es una leyenda que anda por muchos pueblos, una aparecida, por un empalmiento, un asesinato injusto, celos...
A ambas las calles, la foto, y lo que cuento es de mi pueblo Palma del Río en la provincia de Córdoba.

Gracias por las visitas.

Entradas populares de este blog

Nacionalismo. Un rollo para atontar a la gente

Crisis de identidad

Sinopsis y reseña literaria