Un Botellón del siglo XIX


Los lametones de un perro lo despertaron del extraño sueño. Estaba tirado en lo que parecía ser un jardín, junto a un banco de metal negro partido en dos. Al principio sintió miedo del extraño ataque, pero luego descubrió que era un chucho pulgoso e inofensivo, hizo amago de golpearlo y el can salió despavorido.
Le dolía la cabeza como si lo hubiesen apaleado, pero el sabor pastoso de su boca le hizo comprender que no le habían dado una paliza, ni nada parecido. No entendía como tantos años de borrachera casi a diario, le provocaban de vez en cuando resaca. Cuando estuvo al cincuenta por ciento de lo que para él era consciencia, decidió volver a su callejón, pero la realidad lo golpeó de lleno, donde se encontraba no era uno de los parques de la ciudad.
Bolsas de plástico volaban de manera desordenada, el suelo estaba lleno de botellas algunas con restos de licor. Cogió una y la empinó para probarla, si sus días en la calle no lo habían matado tampoco lo iba hacer aquello, estaba exquisito, le vino a la memoria cuando su madre trabajaba para el señor Wilks, un burgués amante de la buena comida y con una bodega impresionante, en la que podías encontrar, desde ron traído del Caribe, al mejor Whisky de malta, además de su mayor tesoro, una colección con botellas de los mejores caldos europeos, empolvadas por el paso del tiempo. Pero el señor Wilks apenas bebía nada de la bodega, sólo cuando venían invitados les hacia bajar y abría alguna botella, que dependiendo de la clase del invitado estaba más o menos empolvada, ahí aprendió él que las botellas más viejas eran las más caras. Por ello cuando bajaba clandestinamente a beber, no tocaba nunca los vinos, se iba directamente a las barricas de las que mediante una especie de pajita bebía.
Dió otro sorbo, se encontraba en el paraíso, allí había restos de ron, ginebra, whisky y unas botellas de plástico de colores a veces medias, con un sabor demasiado dulzón para su gusto, y sin alcohol. Vació el contenido de varias de esas botellas de plástico y mirando los dibujos de las etiquetas de las de cristal las fue clasificando y vertiendo las que se parecían en el mismo continente. Cuando las tuvo casi llenas, salió de aquel parque, en busca de su callejón.
Vió a unos tipos que venían con escobones, y cubos vestidos de un verde chillón, que al principio le asustó, nuca había visto colores tan brillantes, y decidió preguntarles donde estaba. Pero parecían no entenderle.
- Mira el rumano este está haciendo su agosto.¿Que quieres?.- Nuestro amigo descubrió que ni hablaban inglés, ni lo entendían.
- Escucha rumano, ucraniano o de dónde cojones seas. Es domingo, tenemos que recoger los restos del botellón, y mientras antes terminemos, antes nos iremos a casa, así que si estás servido, date el piro, o te parto el escobón en la espalda. - Al ver alzar la mano al barrendero lo entendió perfectamente, y se fue.
Estaba perdido, en un espacio y en un tiempo que tras ver los automóviles que conducía la gente no eran los suyos, pero vio a otros mendigos, y además en aquel parque del banco roto, la gente tiraba una fortuna en licores, acabaría acostumbrándose, aquello era el paraíso.

Comentarios

Didac Valmon ha dicho que…
genial, como siempre, pero qué lástima de paraíso...y qué vergüenza
Lola Mariné ha dicho que…
Un buen relato, pero que pena que eso le parezca el paraiso...
TitoCarlos ha dicho que…
Al hablar de otras dimensiones, me explicaban que nuestra sombra eramos nosotros en dos dimensiones. ¿No seríamos nosotros la sombra de un ser en cuatro dimensiones? Y miré hacia esa cuarta dimensión, olvidándome de mi sombra.
Llamamos depravación a la reunión de jóvenes que acceden a todo tipo de licores y drogas emborrachándose por las buenas, sin otro fin que llegar al límite de la consciencia, sin darnos cuenta que si es lo más bajo de nuestro nivel, hace frontera con lo más alto del nivel inferior, quien lo ve como el paraíso.
Si esto sucede, es la demostración de que aún estamos en un sistema social de clases.

Vaya disertación, lo siento, pero tu relato es real como la vida misma.
Un abrazo,
Halatriste ha dicho que…
A DIDAC
Todos hemos hecho botellón, en un parque junto a una zona de marcha. Aunque cuando yo lo hacía con los colegas procurábamos dejarlo todo recogido.
Es triste, ver como no uno de los mejores jardines de mi pueblo, lo han preparado las autoridades para el botellón.
Todos los domingos cuando voy al trabajo, están allí los de la limpieza viaria, por la mañana temprano, y he visto como un hombre mayor, del pueblo recogía los restos que se dejaban en las botellas y eso me ha inspirado
Halatriste ha dicho que…
A LOLA
Dentro de una ficción creo que es posible, que a alguien le haga feliz, poder beber gratis, con ello no quiero decir que lo critique, ni lo alabe, simplemente, podría ser.

Un beso
Halatriste ha dicho que…
A TITOCARLOS
Estoy más o menos de acuerdo con la disertación que has hecho, de todas maneras habría que mirar lo que es la felicidad para cada uno y si lo es porque es a lo más alto que sus circuntancias le han dejado aspirar.
Por otro lado no estoy en totalmente desacuerdo con el tema del botellón. con lo que si lo estoy es con que cada vez los jóvenes beban a menor edad, y que implique sólo el alcohol y que como he mencionado en la contestación al comentario de Didac, el relato me lo ha inspirado como se queda cada sábado una de las mejores zonas de jardines de mi localidad
Winnie0 ha dicho que…
Gracias por tu visita. Me alegra visitarte y encontrarme con un relato que me ha sobrecogido el alma...quisiera sacar la palabra paraíso de ese entorno...alcohol, botellón...Espero que el Paraiso sea otra cosa. Qúizá un sitio donde el adolescente no sienta que tiene que beber hasta perder la cabeza..porque "es lo que mola"; un sitio donde los barrenderos no tengan que hacer horas extras los sábados en los jardínes...para recoger...restos de jovenes...o lo que queda de ellos...
Besos y nos leemos...
Halatriste ha dicho que…
A WINNIE
Estoy de acuerdo contigo y sobre todo en que cada vez como creo que he dicho en otra respuesta, empiezan más jóvenes, y es triste verlos dar tumbos por la calle, y ya nos sólo eso sino que el botellón puede ser la caída a un abiemo más profundo.
En fin ojalá se pueda crear el verdadero paraíso del que hablas.
Un beso
kOkOaVaN ha dicho que…
Desgraciadamante así lo es, un paraíso...ese paraíso donde el protagonista olvida que está vivo...no es que éseno fuera su tiempo, para mí que estaba tan sumamente inundado de alcohol que simplemente debió olvidarlo...BESOS;)
Halatriste ha dicho que…
A Kokoavan
No era su tiempo, en su época las cosas eran peores, supongo, sino aquello no le hubiera parecido tan hermoso, ni tan idílico, alcoholicamente hablando.

Besos

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