Luna de arena

Luna de Arena, Sol de sangre,
el tiempo yace parado.
Partí para cumplir un sueño.
Te lo propuse
no quisiste acompañarme.

Ahora llorarás,
pero regresaré y te haré reina,
y los mortales temerán tu corona
y se arrodillarán al escuchar
mi nuevo nombre.
Los astros ya se han alineado;
y el destino de la humanidad
se balancea en mis manos.
Luna de arena, sol de sangre
mi tiempo por fin ha llegado.
Para Alba mi único y verdadero amor,
una diosa entre insgnificantes humanos.
Luis Manises Castelar
*****
El poema se desprendió de sus manos y cayó al suelo como una plomada. Lo había encontrado en los restos de la casa del acantilado donde Luis, con apenas doce años le declaró amor eterno. La llamada de un extraño la citó aquel martes por la mañana, hacía ya lustros de aquella primera vez, que ella se tomó como una niñería, pero desde entonces Luis no había dejado de acosarla, incluso se había encarado con algunos de sus novios.
Las sensaciones eran contradictorias, Luis no aparecería frente a su ventana como cada noche, y eso le causaba añoranza, era como si esas buenas noches desde la clandestinidad formaran parte de su ritual para dormirse, pues Alba era una mujer de rituales, primero quitaba cualquier arruga que tuviese las sábanas, luego daba un sorbo al vaso de agua de la mesilla, después mullía la almohada con las manos, y casi de una manera tan furtiva como las visitas de Luis, se resguardaba tras los visillos y comprobaba qué él estaba allí. Había sentido cosas por aquel peculiar enamorado, pero era un tipo extraño y siniestro, y el sentido común siempre en alerta había obviado cualquier posibilidad de que formara parte de su vida.
No se le habían conocido relaciones, y a veces la seguía de día, y cuando Alba se daba cuenta Luis desaparecia como por arte de magia, a veces tardaba más en girarse, porque sabía que él iba detrás, y eso le hacía sentirse segura.
Nunca denunció, porque no le había dado motivos. Y las veces que se había enfrentado con algún antiguo novio de Alba, Luis había salido mal parado, y en ese momento le daba mucha pena, pero no decía nada para no generarle falsas esperanzas. Luis se levantaba magullado y con mucho trabajo se alejaba tirando de su sombra.
Pero los extraños versos estaban escritos por un individuo que no parecía distinguir bien entre lo racional y lo que no lo era, y lo peor de todo no sonaban como una despedida sino como un hasta pronto, y la voz al otro lado de la línea cuando recibió la llamada no era la de Luis. Quizás lo había asesinado obligándole a escribir la nota y firmarla, pero ¿por qué? y que tenía que ver ella en todo aquello. Sacó el móvil y llamó a la policía.
Tardaron en llegar, dos tipos se bajaron del coche y se acercaron hasta donde estaba Alba, le hicieron todo tipo de preguntas, finalmente dijeron que si no había denuncia de desaparición, ni cuerpo, solamente unos versos estúpidos, aquello era una pérdida de tiempo. Que tenía que esperar como mínimo venticuatro horas y se fueron refunfuñando entre dientes.
Alba ya había hecho todo lo que creía conveniente. Luis parecía haber desaparecido, ya no la observaría desde las sombras, ni la perseguiría por la calle, ni se llevaría más palizas de sus novios.
De nuevo volvió a sentir esa sensación de ausencia, una especie de sídrome de Estocolmo sin haber sido nunca secuestrada, pero de la misma manera que se había acostumbrado a la sombra de Luis, acabaría acostumbrándose a su ausencia. Arrancó su coche y puso rumbo a casa, entre tantas pesquisas estaba anocheciendo.
Aparcó el coche e introdujo las llaves en la cerradura de su casa, se preparó una frugal ensalada y encendió la tele, tras zapear por los venticinco canales del TDT, no encontró nada interesante, así que decidió abrir la librería del salón, cogió un libro y bajó el volumen de la televisión, la imagen se cristalizó por unos instantes, y le hizo retirar su vista de las hojas del libro, cuando volvió la imagen el presentador de las noticias daba los sucesos;
"el cuerpo de un hombre identificado como Luis Manises Castelar, ha aparecido bajo el acantilado, anclado entre las rocas al bajar la marea. Todo apunta a un suicidio"
Alba vio sus sospechas confirmadas, el pobre de Luis se había suicidado, sintió un enorme pesar, hasta se le cayó el libro de las manos, por muy raro que fuese Luis no merecía aquel final. Tal vez si hubiese quedado con él en alguna ocasión, y hubiesen hablado, las cosas hubieran tomado otro cauce, pero ella desde su propio egoísmo decidó ignorarlo, siempre que había tenido algún problema ignorándolo terminaba por desaparecer, pero estaba hablando de una vida humana, de su mejor amigo hasta los doce años.
Apagó la tele y subió corriendo a la habitación a llorar, alisó las sábanas, bebió agua, y sin saber muy bien el por qué, decidió mirar, por si el bueno de Luis estaba abajo en la calle, no había nadie, y se sentía muy culpable. Tras llorar hasta agotar las lágrimas quedó profundamente dormida.
El sonido del teléfono la despertó, quizás era la policía que quería hacerle algunas preguntas, miró el reloj, no eran horas, lo dejó sonar hasta que saltó el contestador. Una voz familiar se escuchó.

"Luna de arena, sol de sangre,
el tiempo yace parado
y has llegado a mí,
como dijeron los astros"


Alba intentó levantarse de la cama. Se sintió muy ligera como una pluma y en lugar de levantarse se elevó hacia el techo, vio su cuerpo tendido en la cama, tenía la pálidez de la cera, pero su rostro era el de un niño dormido. Ahora empezaba a entender, tras despedirse de su cuerpo mortal, recitó aquellos versos que había conocido siempre.





"Luna de Arena, sol de sangre,
voy a tu encuentro amor mío.


Nuestro destino ya estaba escrito.
El guardián del acantilado
tenía las llaves,
tú el poder
y yo un alma desubicada
en la más triste
de las soledades.


Luna de arena sol de sangre
el tiempo ha hecho justicia."

Comentarios

kOkOaVaN ha dicho que…
un final...feliz? uhmmm,,,me gusta!!! BESOS ;)
Halatriste ha dicho que…
A KOKOAVAN
El final es feliz, pero no tan feliz debe ser jodido estar predestinado. Hagas los que hagas, te va ha ocurrir lo que tenga que ocurrir.
Besos
TitoCarlos ha dicho que…
Hay una dualidad entre nosotros y nuestra sombra. Si la sombra ha desaparecido, es porque nosotros ya no existimos.
Buenísimo el relato. Genial el tema y su desarrollo.
Un abrazo,
Halatriste ha dicho que…
A Tito Carlos
Y estoy de acuerdo contigo, cuando no damos sombra es que ya estamos en otra parte, o seguimos estando pero dejamos de permanecer.
Winnie0 ha dicho que…
Yo por eso de momento...no tengo intención de separarme de mi sombra. Me has tenido intrigada hasta el final. Muy bonito...Besos
Halatriste ha dicho que…
A Winnie0
Y haces muy bien, en no separarte de tu sombra. Gracias por la visita
Un beso

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