Encuentro


Y no lo sabía, no tenía ni idea del por qué, pero sin embargo se había embarcado en esa aventura, y ahora nada ni nadie le iba a detener.

Casi todos los asientos del vagón estan vacios, solamente una anciana dormita, es muy temprano el sol no ha derretido aún la escarcha de los cristales, la helada de anoche debió ser fuerte. El paisaje desfila frente a sus ojos difuminado y confuso, tampoco tiene mucho interés en ver el paisaje, solo quiere encontrarse con ella, oler su perfume, sentir el calor de sus labios, su respiración, los latidos de su corazón.

El tiempo transcurre muy lento, la anciana, ya ha despertado, y saca una revista del bolso. La escarcha es ya apenas una ilusión, una serie de gotas dispersas, que se niegan de manera inútil a convertirse en vapor de agua. Ella le vuelve a asaltar el pensamiento, solo la conoce por fotos, y alguna videoconferencia efímera desde el cibercafé, no se han visto en persona, no sabe si aquello llegará alguna parte, lo único que tiene claro es a donde va, y que ella lo espera, tan nerviosa y acosada por la incertidumbre como él.

El tren se ha parado de pronto, la ansiedad se vuelve casi insoportble, saca el móvil y carga uno de los estúpidos jueguecitos que vienen de serie, nunca aguantó más de cinco minutos frente a la pantalla. Una serpiente que come hasta convertirse en víctima de su gula, estrellitas alrededor de su cabeza, y una expresión estúpida, y tan lineal como el juego.

Ha pasado media hora, el otro tren por fin viene, pasa a unos centimetros. La vía es tan estrecha que no entiende como aun se utiliza. El vagón se pone en movimiento, ya queda menos para el encuentro, la ansiedad se ha desvanecido, pero los nervios se han engachado a su garganta como un apretado nudo de corbata.

El paisaje ha dejado su lugar a los primeros edificios esparcidos a ambos lados de las vía. Un cartel de Bienvenida, le sudan las manos, pasa de calor a frío instantáneamente. Ya está dentro de la estación, el tren va perdiendo velocidad, un frenazo brusco. Las puertas se han abierto, ella está ahí con un gorro de lana azul, guantes y un espeso abrigo, tal como le dijo en el último e-mail. Se miran tímidos, ella le toma la mano, él de pronto entra en serenidad, al menos por el encuentro el viaje merció la pena.

FIN

Comentarios

Arwen Anne ha dicho que…
jolin chiquillo, debería estar prohibido poner el corazón en la garganta, y tu lo has hecho, así que como yo dicto ahora la norma, te acuso de ponerme el corazón en la garganta, de hacerme temblar y de desear ese encuentro, la condena...que te felicito y te seguiré leyendo porque tus relatos me encantan

un beso
Lola Mariné ha dicho que…
¡Hay que ver como produces!
Has sabido transmitir toda la ansiedad del personaje ante el encuentro, yo misma me veía en el tren.
Didac Valmón ha dicho que…
La producción, aforma de hacerlo...genial del todo!! QUé envidia por saber transmitir la ansiedad de la persona.

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