MICRORRELATO


El extraño color del cielo presagiaba incertidumbre, no era totalmente gris, ni totalmente claro, sólo un sol enmascarado tras grupos intermitentes de nubes huidizas y negras.


Olía a tierra mojada, el Extranjero sacó su revólver y descerrajó, dos balas del cuarenta y cinco sobre el cuerpo del Intruso, el olor de la tierra mojada fué camuflado por el de sangre. El Extranjero se fué alejando, al mismo tiempo, que el Intruso perdía la vida, al mismo tiempo que la incertidumbre, reventaba en un cortinaje infinito de gotas de lluvia, que borrarían el letal rastro de sangre.

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