Escapada


El fango le cubría las rodillas, no parecía haber nadie en los alrededores, pero un extraña punzada en la nuca, le decía que lo observaban desde algún sitio, y que si paraba le iban a dar caza. El bosque se le mostraba infinito, solamente la charca que intentaba atravesar, con más pena que gloria, podía considerarse como un espacio abierto. Miró hacia arriba, la noche tardaría muy poco en llegar, y tras casi once horas alternado paso ligero, con carreras, entre espesuras y pequeños accidentes, las fuerzas eran menores. Sabía que no era recomendable, pero el agua corrupta y apestosa de la charca era el único líquido, aparte del sudor pegajoso que cubría todo su cuerpo, con el que se había encontrado en kilómetros, y cuando lo sorprendiera la noche, y hubiese dejado atrás la charca, no sabría dónde ir, ni si había algún vestigio de humanidad, ni cuando podría volver a beber. Con más repugnancia que otra cosa, aquello, apestaba ya antes de acercárcelo a la cara, cerró los ojos, ahuecó ambas manos y bebió hasta que se creyó saciado, intenando evitar las arcadas, que desde su estómago luchaban por repeler, cualquier intromisión, pero fué inútil, al proseguir, las tripas se le retorcieron por un agudo dolor, que le hizo arrodillarse y vomitar hasta sus últimas reservas. Saldría de la charca, buscaría refugio en algún lugar más o menos elevado , y se entregaría al destino.

Una vez encima de un árbol, adaptó su dolorido cuerpo lo mejor que pudo, el sudor se le enfrío, no tenía nada para protegerse y lo que comenzó como una suave brisa, se transformó en una caricia helada y constante, haciéndose dolorosa y punzante. Todo él, comenzó a temblar, hasta estuvo a punto de precipitarse al suelo, convirtiéndose en una sentencia de muerte, pues con indigestión, cansado, al punto de la inanición, lo que hubiese rematado la faena era algún hueso roto al entrechcar con las piedras, sin opciones, y a la merced de los elementos y de cualquier carroñero, tan ansioso por su muerte, como los guardias de la prisión de la que había escapado, el sueño se hizo más fuerte que el dolor y el frío, si aquella noche helaba no sabría lo que podría ocurrir.

Un dolor que recorrió todo su cuerpo como una corriente eléctrica devastadora, pensó que ninguno de sus huesos había escapado a aquella especie de descarga, sintió algo cálido y espeso junto a su cabeza, el velo nocturno se transfomó en una enorme sábana almidonada, y brillante, ni las estrellas ni la luna, pudieron competir contra aquel cortinaje blanco, y su destello, luego algo en mitad de aquella luminosidad alba, cobró profundidad, dejando entrever una zona en tres dimensiones, un agujero que giraba en espiral, poco a poco el blanco retomó varias tonalidades, y personas en relieve a los que no distinguía los rostros, parecían sonreirle, cuando empezaron a resultarle familiares, supo que en breve pasaría al otro lado, que se había escapado, pero que no podría volver para contárselo a nadie.


FIN

Comentarios

kOkOaVaN ha dicho que…
Uffff....este relato me recuerda a uno de los tantos sueños inquietos que tube en una época de mi vida...recuerdo la sensación que queda en el cuepro una vez abres los ojos por la mañana...

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