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Mostrando entradas de septiembre, 2008

EL TORREÓN DE MADERA

Temblaba la tierra como un ser gigantesco preso del frío. El resplandor de la luna era anulado por la negrura de nubes errantes, que deambulaban empujadas por un viento infinito. Sobre la montaña la vieja casa con forma de torre, rasgaba la negrura con el pararrayos. La luz de la planta baja se apagó de pronto, y el edificio quedó atrapado por un envoltorio de pizarra, el mar embestía los acantildos, solo silencio y el impacto del oleaje contra las rocas, forradas, de alga, salitre, y musgo.

Jueves 18 de setiembre 2008

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Hoy el cielo también es una oscura lámina de acero, pero no llueve, y como por arte de magia no me siento tan apesadumbrado, ni tan triste. No es que la lluvia tenga que ver con mi estado de ánimo, ni nada de eso, es porque quizás ese arcano maleficio que rondaba mi alma se ha evaporado, ha vuelto al lugar en el que tenía que estar, al olvido, al límite más remoto del infinito universo, o quizás me aceche de nuevo como un lobo hambriento, oculto tras ser herido por mi ego.

Hoy me siento un poco más fuerte, más yo. En lugar de una sonrisa bobalicona y bohemia, de esas que entraban dentro del canon romanticista del siglo XVIII, me encuentro feliz, subido, no me siento arrojado a un mundo que no me entiende. La mayorías de las veces los enigma de la vida nos los inventamos nosotros, el que no nos entiendan, es porque quizás no nos explicamos, o no tenemos intención de hacerlo, o quizás no les interese escucharnos, pero eso, no es razón para señalar con el dedo.

La lámina de acero gris vete…

Sábado 6 de Setiembre de 2008

Hoy es un día gris.

Huele a tierra mojada, el cielo es una lamina de acero gris oscuro, con visajes blancos, llueve de manera intermitente, sin exageraciones ni estruendos y en mí, como suele pasar en estos días, la melancolía y los recuerdos de ayeres más gloriosos me invaden, sembrando una estúpida tristeza, una añoranza, que sólo la luz del sol es capaz de disolver, y me da por escribir cosas tristes. Cosas grises, de mi lado más extraño, de mi yo más remoto. Pero me sienta bien, descargo, y la paz interior se hace dueña y señora.

No es que sea un ente maldito turbado por la locura, ni un demonio antiguo descontento consigo mismo, me gusta lo que tengo, pero me gustaría tener más, es muy humano, querer tener más, somos inconformistas por decreto, nunca es suficiente, y lo que nos hace felices con el paso del tiempo acaba aburriéndonos, o no siendo tan perfecto, ni tan genial. Que no disfrutemos cada momento, es estúpido e infantil.

Ahora, aunque parece que lloro, no es así, mientras …